Los zapatos de lujo, han estado y están en los pies de las celebritis, pero si hay alguien a quien pueda atribuírsele el honor de ser “el Zapatero de las Estrellas” es a Salvatore Ferragamo. Este grande del calzado a nivel mundial, tuvo una larga trayectoria que merece la pena conocer.

Este italiano, encontró su vocación a los 9 años, mientras hacía los zapatos de la comunión de sus hermanas. Tras esto, decidió formarse como zapatero en Nápoles, termino sus estudios a los 13 años y volvió a casa para montar su primer negocio, en el que invirtió sus 3 primeros años de vida laboral.

Con 16 años decide viajar a Estados Unidos para trabar en una fábrica de botas. En esta etapa, aprendió mucho, y quedó maravillado con las nuevas tecnologías aplicadas a la producción de calzado. Aunque rápido comprendió que el producto final, no tendría la misma calidad que el fabricado a mano. Por ello en poco tiempo cambió de residencia, primero a California, después a Santa Bárbara, hasta terminar definitivamente en Hollywood, donde se decidió a abrir su primera tiendecita, de arreglos y creación de zapatos personalizados y a medida.

Sus diseños, no dejaron indiferentes al exquisito público de esta ciudad, donde el lujo es una característica que nunca puede eludirse. Estos diseños eran atrevidos a la par de elegantes, además su fabricación era perfecta, cuidando hasta el más mínimo detalle y sus materiales eran siempre los mejores. Su fama no tardó en extenderse por cada rincón de Hollywood, todos deseaban utilizar su calzado. Artistas de la talla de Greta Garbo, Sophia Loren, Audrey Hepburn eran sus clientas, y no tardó en convertirse en el zapatero de toda la industria del cine.

Pero como todo gran genio, era muy crítico con su obra. Salvatore estaba contento con sus diseños, pero sabía que no eran cómodos, no conseguía encontrar la forma de que estos encajaran adecuadamente sin dañar el pie y sobre todo perder la estética que le caracterizaba. Este fue el motivo que lo llevó a estudiar a la universidad de California, anatomía.

Ferragamo, terminó sus estudios y se embarcó en un proyecto más ambicioso, zapatos de lujo para las mujeres más ricas e influyentes del momento. Trasladándose de nuevo a su Italia natal, concretamente a Florencia. En esta etapa, sus clientas más conocidas pueden ser Majaraní de Cooch Behar, Eva Perón o Marilyn Monroe. Como se prevé este virtuoso del mundo del calzado no paró en este momento, sino que amplió su negocio con el famoso en la Via Mannelli, en el que 700 artesanos, conseguían producir hasta 350 pares por día. Esto significó una revolución en el calzado de lujo, que hizo que este taller se mantuviese siguiendo ese ritmo hasta lo concentrado en el diseño y que logró expandirse hasta los años 50, es decir 20 años de producción.

Salvatore es un referente en cada una de las decisiones que tomó, siempre persiguiendo el calzado perfecto, esta misma filosofía es la que mueve la empresa José de Mora, preocupado por ofrecer en cada modelo, personalidad, moda y sobre todo calidad. La empresa valverdeña que sigue promoviendo el calzado de lujo como una alternativa a la baja calidad del calzado en serie, trabajando a mano y con los mejores materiales como el mismo Ferragamo defendía.