Casi todas sabemos que se puede utilizar el bicarbonato de sodio, que solían tomar nuestros abuelos para hacer bien la digestión después de una comida copiosa, para blanquear la ropa (las sábanas, las toallas y hasta la ropa interior), limpiar bien la nevera y que se le vayan los olores raros, y hasta blanquear los dientes.

Este polvo blanco, además de resultar ecológico y relativamente barato, parece poseer un montón de principios activos, que los convierten en mágicos en el cuarto de baño. Os explico:

Si añadimos unas gotitas de agua a una cucharada de café de bicarbonato y hacemos una pasteta, notaremos como esta se convierte en una especie de mejunje espumoso que podremos utilizar como desodorante (axilas y pies).

Si mezclamos 3 cucharitas de bicarbonato con una de agua, dispondremos de una buena mascarilla exfoliante que podremos aplicarnos sobre el rostro haciendo círculos para hacer desaparecer las células muertas. Luego ya sólo tendremos que aclararnos la cara y podremos presumir de una piel suave y sin toxinas. Este mismo principio sirve para las manos y las uñas.

Si además queremos acabar con los puntos negros, también podemos añadir un poco de limón a la pasta y aplicarla directamente sobre los granitos de acné y sobre los puntos negros, y dejar que actúe durante toda la noche.

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De pequeños, siempre que nos hacíamos una heridita en los pies o nos salía alguna ampolla mi madre nos obligaba a meter los pies en un barreño con agua y sal. “Para desinfectar”, solía decir. Pues bien, para relajar nuestros pies después de un duro día de trabajo (sobre todo cuando se están muchas horas de pie) quien lo ha probado asegura que no hay nada como sumergirlos durante 15 minutos en un litro de agua templada a la que habremos de añadir 50 g de bicarbonato sódico. Este baño también permite ablandar las durezas y cutículas antes de una pedicura.

Me sorprendió mucho saber que el bicarbonato también era estupendo para cuando nos quemamos en la cocina. Cuando esto ocurra es importante tenerlo a mano y realizar una mezcla de tres cucharadas soperas de bicarbonato con una de agua templada, y aplicar la mezcla sobre la herida. Idem para las quemaduras del sol cuando nos quedamos dormidas en la playa después de una noche de farra, y se nos olvida echarnos protector.

Además de ser un estupendo sustituto de la pasta de dientes (lo podemos utilizar una vez por semana echando los polvitos directamente sobre el cepillo de dientes y hasta aclararnos la boca con él), también lo podemos utilizar cuando se nos acabe el champú porque no sólo elimina las impurezas, sino que también devolverá a nuestro cabello su brillo haciéndolo más fuerte y reduciendo el exceso de sebo.

¿Qué os ha parecido? ¿Conocíais todos estos trucos? Pues si sabéis algunos más, no dudéis en compartirlos con nosotras.

Fotos | Cordon Press
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